Brigadas de limpieza en Chernobyl.

Chernobyl: el veneno del Estado

Tras el polémico final de Juego de Tronos, la serie de fantasía medieval más famosa de los últimos tiempos, la HBO ha conseguido sorprender a los espectadores del mundo con el estreno de Chernobyl, una inesperada miniserie de cinco capítulos bastante más realista y cruda. Con esta propuesta, la cadena ha conseguido algo digno de mención, llevar el desastre nuclear más famoso de la historia a una nueva generación, posiblemente desconocedora de la magnitud de esta tragedia radiactiva, que a día de hoy sigue dejando víctimas y secuelas por culpa de un Estado decadente.

La crítica ha colmado de elogios esta producción basada en los hechos reales acontecidos en septiembre de 1986 dentro de la archiconocida planta nuclear cercana a la ciudad de Prípiat, en Ucrania. La minuciosidad con la que se han recreado las acciones y sobre todo las omisiones del gobierno de la URSS, ha provocado también quejas debido a las fuertes acusaciones de negligencia y de corrupción que la miniserie de Chernobyl expresa sin tapujos. De hecho, hace apenas unos escasos días la cadena privada NTV anunciaba su indignación con respecto a esta adaptación y daba la noticia de un proyecto ruso propio que narrará otra visión culpando a la CIA de la catástrofe ¡Y parecía que habíamos superado la Guerra Fría!

Planta nuclear de Chernobyl.
Planta nuclear de Chernobyl.

De todas formas, a pesar de las contradicciones y el ocultamiento de datos, cifras e informes, una lección ha quedado clara gracias a Chernobyl. Independientemente de la ideología que se profese, hay que evitar a toda costa exponer al mundo a una hecatombe similar. Ya no tenemos excusas, la concienciación que esta explosión produjo llevaría más adelante en los 90 a la firma de tratados antinucleares como el START I y el START II.

A estos acuerdos se les suman las opiniones de muchos historiadores y políticos, entre los cuales se incluye Gorbachov, que vinculan directamente la desintegración de la Unión Soviética con el accidente de Chernobyl. El ecologismo también cobró fuerza tras lo sucedido, pues los daños contra el medioambiente y la fauna fueron irreparables en la llamada “zona”.

Víctima de la radiación en Chernobyl
Víctima de la radiación en Chernobyl

Otro de los campos donde se mejoraron los avances y los cuidados fue en la medicina, cocretamente en los tratamientos de cáncer, ya que las numerosas víctimas de la radiación demostraron el alcance de estas partículas invisibles en el organismo humano.

Como se puede apreciar, el impacto de Chernobyl fue múltiple y también beneficioso en algunos aspectos, pero lamentablemente el ser humano olvida con facilidad y suele tropezar más de una vez con la misma piedra, hasta que la desgracia cae sobre nuestras cabezas. Por esta razón veo con especial importancia el lanzamiento de este tipo de series, más sobrias, lentas, arriesgadas, sin efectos especiales llamativos, acción o sexo gratuito, pero ante todo, con un mensaje que debe ser transmitido una y otra vez.

Dicho esto, toca responder a una pregunta que muchos seriéfilos se estarán haciendo ¿Por qué debería verla? ¿Es tan sobresaliente como indican las puntuaciones de los portales o los artículos de prensa? Desde este blog personal puedo ofreceros mi humilde opinión. Si no os han convencido los motivos anteriores os animo a verla por las impecables actuaciones de Stellan Skarsgard y Jared Harris.

El actor Stellan Skarsgard en Chernobyl.
El actor Stellan Skarsgard en Chernobyl.

El primero encarna en la miniserie a un político soviético (Boris Shcherbina), que en un principio se muestra hermético y leal al régimen comunista, hasta que después comienza a ser consciente de la mezquindad, la ignorancia y las mentiras del partido. El segundo pero no menos importante, interpreta a un científico de renombre (Valery Legasov), cuyas explicaciones técnicas fueron clave a la hora de desentrañar la verdad en Chernobyl dejando en evidencia la propaganda del Estado.

El actor Jared Harris como científico en Chernobyl.
El actor Jared Harris como científico en Chernobyl.

Cabe mencionar la aparición de un tercer personaje inventado, el de Ulana Khomyuk, una física nuclear interpretada por Emily Watson que simboliza el trabajo y las voces de todos los hombres y mujeres de ciencia oprimidos y encerrados por el Estado durante y después de la catástrofe nuclear.

Dejando el nivel de las interpretaciones a un lado, hay otra gran razón que puede impulsaros y convenceros definitivamente. Me refiero a todas las vertientes desde las que se trata el conflicto. La miniserie de Chernobyl maneja adecuadamente los roles de todos los héroes y desgraciados que vivieron el suceso, desde los operarios de la sala de control hasta los bomberos, los mineros, los militares, los ciudadanos, los miembros del comité de investigación, las enfermeras, etc.

Operarios en Chenobyl
Operarios en Chenobyl.

Esto aproxima a la miniserie al género documental, y es todo un acierto, ya que el contexto, la indignación y el sufrimiento se transmiten mejor por este formato, con un reparto coral que va aportando su granito de arena, su desolación, su esfuerzo, su pesimismo, su esperanza. Porque sí amigos, el tema es durísimo, el caos, la inconsciencia y el horror apenas dejan respiro entre capítulo y capítulo, pero Chernobyl se reserva un lugar para la esperanza y la valentía a través del pueblo.

El enorme sacrificio termina dignificándoles y logrando un cambio de mentalidad en un sistema opaco, gris, traicionero y por qué no negarlo, chapucero. La lista de errores intencionados y no previstos que acumula solo el primer capítulo, por ejemplo, revolverán las tripas a más de uno. Es lo que tiene el veneno burocrático, que se expande con más virulencia que la radiación.

Ilustración de Stalker: Shadow of Chernobyl
Ilustración de Stalker: Shadow of Chernobyl

Como último apartado quisiera alejarme un poco de la miniserie en cuestión para analizar otras obras relacionadas con Chernobyl, tal vez desde una perspectiva más apocalíptica o futurista. Es curioso cómo el cine ha tratado el mismo fenómeno, advirtiendo de la amenza nuclear y de la irresponsabilidad antes.

Ahí tenemos la excelente sátira de ‘¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú’, rodada por Kubrick en 1964 en una clara burla hacia la actitud beligerante de USA y de la URSS, ‘El síndrome de China’, film que resalta la libertad de prensa ante alarmas nucleares, la trilogía original de ‘Mad Max’ con ese páramo infinito producto de la bomba atómica, o la cinta de culto ‘Stalker’, dirigida por un Tarkovski en estado de gracia que condensa filosofía, destrucción, miseria, mutaciones genéticas y poesía en una zona aislada y evacuada del mundo por sus anomalías.

Fotograma de Stalker (1979)
Fotograma de Stalker (1979).

La atmósfera y la estética de este último título influirían tanto en la cultura popular que en 2007 aparecería su versión paralela en el videojuego Stalker: Shadow of Chernobyl, uniendo realidad y ficción.

Si os ha gustado el texto y habéis aprendido algo no dudéis en suscribiros, comentarlo, darle a me gusta o en compartirlo con los amigos en las redes sociales. Para los aficionados a las críticas, al cine o la literatura os recomiendo visitar mis otras secciones del blog. Un saludo y muchas gracias por vuestro tiempo.

Un comentario en “Chernobyl: el veneno del Estado”

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